Enunciación previa al coloquio


Cuando propusimos este primer coloquio en Tabasco, partimos de una inquietud sencilla: ¿qué puede el arte en un presente atravesado por la crisis? Desde la teoría crítica, entendida como un conjunto de movilizaciones teórico-afectivas capaces de situarnos frente al mundo y producir un acto crítico, encontramos en la figura de lo marrano una posibilidad para sacudir ciertas fronteras: entre arte y pensamiento, cuerpo y escritura, calle y libro, creación e investigación.
Lo marrano —retomando, desde sus diferencias, a Alberto Moreiras, Daniel Bensaïd y Erin Graff Zivin— nombra aquí aquello que mancha, mezcla y vuelve porosas las disciplinas. Una crítica marrana no busca preservar territorios puros ni decidir quién tiene derecho a producir pensamiento o arte. Parte, por el contrario, de reconocer sus contaminaciones: que lo artístico atraviesa la vida social, que un cuerpo puede pensar, que una imagen puede escribir y que una palabra puede intervenir en la escena.
Convocamos este encuentro porque habitamos un presente marcado por múltiples formas de violencia, precarización, extractivismo y captura de la sensibilidad. Frente a ello, la crítica no nos interesa como criticonería ni como ejercicio de descalificación, sino como una práctica capaz de producir desplazamientos en lo sensible. En el sentido de Giorgio Agamben, ser contemporáneos supone dirigir la mirada hacia las tinieblas del propio tiempo: percibir aquello que sus luces muchas veces vuelven invisible.
Desde ahí se articulan las tres mesas del coloquio. Arde la imagen pregunta por aquello que las imágenes conservan, hacen visible y ponen nuevamente en circulación; Cuerpos que desmoronan la escena interroga al cuerpo como territorio de exposición, creación, resistencia y disputa; y La escritura del desastre se pregunta por las formas en que la palabra puede inscribir aquello que parece destinado a desaparecer.
Precisamente hoy realizamos esta primera enunciación desde la segunda mesa. El performance que presenciaremos coloca al cuerpo en el centro de la escena no como simple objeto de representación, sino como materia capaz de producir una interrupción, una pregunta y una fisura en nuestros modos habituales de mirar; porque desmoronar la escena no signifique destruirla, sino permitir que algo distinto pueda aparecer en ella. Desde ahí pasarán por Apuntalarte, performance de Vivian Sánchez, con la colaboración de la artista plástica cardenense Faby Moheno, fotografías de la artista visual Alejandra Rivera de Velasco y la obra plástica de Javier Pineda. Posteriormente tendremos un coffee break y dejaremos todo listo para la presentación del libro Asperger, de Álvaro Solís.
Esta primera enunciación es, entonces, una invitación a pensar juntos aquello que el arte todavía puede movilizar en tiempos inciertos. Pasemos pues, a la experiencia.

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