Exilios

Dorothea Lange. «La Madre Migrante.» 1936 Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos
Ha pasado un siglo de humo a mis espaldas, y sigo esperando los relatos colgados en la madrugada por aquellas manos que palpaban mi historia.
Me levanto para mirar fijamente la torpeza de mis manos,
cansadas de no volver a sentir la mirada tuya, lejana,
tan distante en vuelo,
que me hacía pensar sobre los abismos de mi pecho.

Lewis Hine. Niña trabajadora. ca. 1915
A veces creo que los ojos son una forma de pensar al mundo, de creer que los días se volverán más sencillos cuando me arrastran las bestias del exilio, y me miro nuevamente como deseando darme forma.
Darme forma, darme silencio que esculpa, darme un escupitajo con la garganta de la noche para despertar de las grandes pesadillas del mundo.
Darme nostalgias en la boca, darme un sorbo de miseria,
A como los trenes se vuelven un despido, los pájaros son mi travesía del silencio, abrumado por las pistas que nos dejan los niños con sus alientos, logro hacer una historia que me dormite un poco, que me saque del letargo de las migraciones.

Dorothea Lange. «Against the wall» ca. 1934
Me miro morir de a poco, me miro para sentir que el mundo me crea a su forma y ya no mis ojos como testigos de la muerte.
A torrentes grité con desesperación tu llegada cuando los pandilleros empezaron a quemar mi casa. A caudales moría cuando te separaban en partes y mi lengua se desprendía de la razón convencional.
Miro tu lengua venir tus ojos, miro mil lenguas armar barcos con la salada de tu forma de hacer los mundos. Miro la tu rostro como zarpando del tiempo. Miromorirme morandoentre grilletes. Miro la tu forma tan muerta de expulsarnos como bandidos, como despojados de tierra suelta mirandoelmaritimomarmigrantedelasmilmuertescondenadas al naufragio.

Dorothea Lange. «Whine Angel Breadline» 1934
Y por si fuera poco, los pájaros siguen su rombo.

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