Roberto Velasquez García
Centro de Investigación e Innovación en la Enseñanza y el Aprendizaje
PEI/25/3553
Partamos de lo siguiente: el texto científico es un enunciado cuyas demostraciones empíricas y su forma de transmisión supone un segmento de significación que se comparte entre dos sujetos, este pretende responder a enunciados anteriores no cerrándose en sí mismo. El artículo científico -forma predilecta de escritura en las sociedades modernas para el hallazgo y la demostración científica- roza con la posibilidad estética en su trabajo, pues el texto científico no deja de ser literario, no deja de ser una “forma arquitectónica de valor espiritual y material del hombre estético” (Bajtín[1]). El conocimiento se vierte sobre su dimensión afectiva y abre una posibilidad de pensar el cuerpo y los “restos”.
Roland Barthes[2] comentó que el estilo literario de la escritura científica tenía como finalidad el no involucrar al sujeto de enunciación dentro de las afirmaciones, además lo que destaca rodriguez freire que este régimen pretende “expulsar la escritura que no la reverencia”[3]. Debemos pensar detenidamente eso: por un lado, la situación de la escritura académica y su relación con la objetividad en la sociedad moderna, por el otro, el ensayo como posibilidad de desautomatización del plus de goce de la (re)producción desmedida el paper científico y finalmente, una serie de casos que permitiría pensar sobre el desborde del trabajo divulgativo.
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Tras la demarcación Popperiana[4] de la lógica de la investigación científica, se propuso una división de aquellas disciplinas que lograrían ser consideradas ciencia con aquellas que serían pseudociencias. El criterio de Karl Popper consistiría en proponer una situación empírica que lograra desmontar la teoría esgrimida, a esto le llamó el criterio de falsabilidad, un acontecimiento que demostrará que no todo fenómeno puede ser explicado por la teoría científica. De esta manera, el criterio de demarcación se vería como una situación que pudiera ocurrir en cualquier momento del trabajo científico. Si la teoría logra sobrevivir en el tiempo, entonces se considera que -en su continuo- es fuertemente aceptable hasta que acontezca la situación empírica que logré desarticularla.
De esta forma los hallazgos de la teoría y la situación en donde se ha replicado, se ven reflejadas dentro del Paper científico como forma de enunciado que contrasta el significante de la investigación (unión de todo el trabajo realizado), y el significante que porta la experiencia empírica. No obstante, el significante que se inscribe en el texto aparece en un momento de su desvanecimiento. El significante implícito en la cultura se topa con el incremento de una economía de la reproducción desmedida y automatizada, con la emergencia de nuevas tecnologías y formas más rápidas de crear el paper: la divulgación, la publicación y la lectura se adentran en una cultura que la invade y excede.
El trabajo científico, su escritura y la divulgación son parte de la demanda cultural. Las formas de hacer ciencia, los criterios de validación, no son ajenos a la razón instrumental que se involucra en la lógica institucional de la publicación del Paper. El imperativo de publicación dentro de los parámetros normativos que insisten en “publicar y publicar”. El investigador se subordina a esta demanda y al exceso de publicaciones para mantener el conteo que se exige. Despojado de su posibilidad de pensamiento para otras formas de expresión (pues dentro de las “revistas serias tampoco permiten el acceso de otra Forma de literatura”), el académico se subordina al régimen de la publicación desmedida acorde a las instancias neoliberales que subyacen en occidente. El Paper Científico cae en la lógica del Best Seller, la cultura que demanda rapidez reproduce trabajos rápidos de resonancias cortas.
¿Qué problema representa esto en lo social? Los conocimientos en el trabajo académico son una parte del fundamento de la dinámica social, que estos –a su vez- se inscriben en una ideología. La episteme que Foucault[5] resaltaba para pensar los conocimientos que se establecen dentro de un criterio de validación y una forma de revelar estos hallazgos en un momento histórico, es decir, la manera en cómo es pensada y escrita esa Objetividad. Si en las sociedades industriales donde empezaba a emerger el modelo capitalista se exigía la profesionalización del sujeto para operar en la industria, hoy nos hace pensar que nuestra época se encuentra en un momento de exceso, donde es necesario mirar nuestra práctica escritural académica, reflexionar nuestros hallazgos dentro de la investigación y ver la manera en que se transmiten estos conocimientos junto con la finalidad persigue.
La ciencia se ha establecido como un dispositivo de fabricación de ideales, su transmisión en una escritura fría y desacuerpada. ¿Podemos pensar en otra escritura que no sea la de la demanda institucional como forma única del conocimiento? ¿Podemos pensar también que la Escritura incluso tiene mayor potencialidad que el método científico y que su inscripción documental-archivística en las bibliotecas (digitales o más allá) puede posibilitar otros horizontes de posibilidad?
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No hay un documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie[6]
Walter Benjamin
La tríada de: Inicio, Desarrollo y Desenlace, han soportado al Ensayo como forma de trabajo estudiantil, ubicándolo como un “género” literario que rozaría entre el artículo científico, la experiencia de lectura y el trabajo de reflexión. Estos tres elementos constituirían en un artículo la hipótesis, el marco teórico, la re-visión bibliográfica y la metodología, es decir, las “ficciones en las que el habla en primera persona cede su lugar a un imaginario “nosotros”, que adquiere funesta existencia mediante el retrato ciego, que de manera libre y voluntaria protege lo expuesto de la injerencia de la forma”[7]. Cualquier forma de expresión singular, pone en peligro el “purismo científico”.
El desacredito al ensayo por su tendencia a lo estudiantil, por la falta de rigurosidad metodológica, por la forma de expresión y reflexión de las citas académicas, hacen de esta escritura una inscripción de los novatos que se empiezan adentrar a escribir de “la manera correcta”. Sin embargo, el artículo científico no deja de ser una forma. La forma jamás abolirá al contenido, la forma no rompe al enunciado y el ensayo supone un ejercicio de pensamiento más flexible.
La forma del artículo científico, en aras de la objetividad, ha sustituido la expresión y experiencia del texto, lo ha desacuerpado para inscribirlo en una lógica estandarizada. Esta sustitución escritural se logra ubicar después de la muerte de Gérard Gentte, al pensar que “el espíritu de la retórica tradicional” que es asesinada “por una concepción histórica de la literatura, que impulsó un tipo de “aprendizaje técnico de la escritura”; cualquier efecto estético y poético en el texto, aquello que sea ambiguo en el hallazgo; es inútil y es perjudicial[8]. De esta forma, la expansión tecnológica y científica de la mano con la escritura estandarizada[9] se convierte en la demanda institucional universitaria y su (re)producción y publicación se crean al ritmo de la misma -y de la misma forma- rápidamente pierde su resonancia.
El Ensayo, no obstante, encuentra puntos de fuga en la creación. El sujeto al sumergirse en el proceso arduo de investigación y tratar de enunciar aquello que desea decir, se ejerce una voz para hacerlo. El proceso de investigación involucra no la idealidad del Ensayo, sino que apela al verbo: Ensayar. Para ello el cuerpo toma lugar.
Es incluso interesante como aquellos que escriben en la máquina (computadora o celular) encuentran en ellas un verdadero soporte, a diferencia de quienes fuimos forma(tea)dos en la escritura a lápiz. Un breve pasaje de rodriguez freire nos puede ayudar a pensar esto: “Nietzsche le respondió, aunque teniendo presente no la máquina, sino su lápiz, que las (nuestras, dice él) “herramientas de escritura trabajan en nuestros pensamientos”, lo que hace de ellas verdaderas prótesis, al articularse con la mano y el cerebro” (p. 30).
La escritura es un proceso acuerpado, pensamos con el cuerpo, de manera que el instrumento determina la escritura como la forma de ejecutarla, el texto entonces se abre a la posibilidad de pensarlo a través del cuerpo y sus creaciones, pues al pasar a la escritura del texto con el cuerpo -la pensada desde las manos- es ahí donde logra la desautomatización del régimen escritural. El ensayo encuentra su impulso al dejarse ir dentro del texto, pues Escribir es una actividad tan automatizada que no se piensa que este proceso pertenece al orden de lo inconsciente y lo corporal (las manos, la incomodidad de la silla, el estirarse de vez en cuando para continuar, el acto fallido al escribir, los errores, etc…). Escribir (ensayando) irrumpe las imposiciones dogmáticas, es una actividad subversiva de gran potencial crítico.
No se pretende desacreditar al Paper científico en este trabajo, solo se pensó desde las operaciones culturales-ideológicas que subyacen en el mismo, así como las formas heterogéneas del ensayo y su involucramiento con el cuerpo. Ambas escrituras no son lejanas (pues no hay distancia entre escritura académica y escritura ensayística e incluso en la ficcional) la forma (fotografía, documental, película, ensayo escrito, artículo) en la escritura no resta rigurosidad al pensamiento, la potencia.
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Para pensar algunos casos sobre el trabajo de investigación y la forma de una escritura diferente; movimiento reunido bajo “la Metodología[10]” de la investigación-creación, se me ocurren tres ejemplos clave, que no se ubican de la forma ortodoxa de la investigación y que subvierten el trabajo divulgativo abriendo un espacio de crítica y escritura.
Futuros Menores: Filosofías del tiempo y arquitecturas del mundo desde Brasil. Luz Horne

En un trabajo minucioso sobre la temporalidad y los restos, Luz Horne indaga sobre los otros tiempos que subyacen al del reloj. El reloj cronometrado atraviesa una serie de experiencias distintas, no es lo mismo el tiempo medido que el tiempo de la vida, entre las manecillas del reloj (dispositivo occidental que fundamentó el orden moderno) se escapa toda una vida. Luz recoge los trabajos de distintas formas de pensar la temporalidad desde el “sur” a través de cineastas, arquitectas y ensayistas, específicamente desde Brasil cuya capital fue pensada como el idilio del desarrollo de occidente. La autora indaga una posibilidad para pensar y habitar el futuro, uno a través de los restos e imágenes (basura, desechos, selvas) que nos permitan pensar la vida, más allá de la lógica violenta de la extracción que suponen los Estados Modernos, abriendo los intersticios del pensamiento para instaurar la crítica de las luciérnagas -pues es a destellos que las imágenes de los restos retornan- no como un malestar, sino como la posibilidad de una vida distinta.
El trabajo atraviesa un registro documental y analítico, pensando los hallazgos (enunciados) desde el intersticio de tiempo que atravesamos. El libro plantea una crítica epistemológica, política, estética y ecológica, es decir, emite una crítica a la forma actual de habitar el mundo, deteniéndose en las fotografías, documentales, películas y arquitecturas para pensar un mundo posible y un futuro menor, con los restos y deshechos; aquella materia que el capital arroja de manera desmedida. Me pregunto sobre nuestro caso, ¿Qué escritura es posible desde los restos del paper científico?
Libro Centroamericano de los muertos. Balam Rodrigo

Con la poética del testimonio y la voz cortada por la violencia del Estado Mexicano, Balam Rodrigo recoge y ficciona el trayecto de los migrantes que atraviesan México. En el libro (galardonado por el premio Bellas Artes de Aguascalientes, 2018) Balam experimenta una escritura desde los restos y las historias, recoge el testimonio periodístico para hacer una cartografía del horror del trayecto migrante, pero también dando cuenta de esas voces que no terminaron de ser escuchadas, que fueron separadas de la vida con crueldad. El proceso de investigación- creación supuso la búsqueda de notas periodísticas, la construcción del poema y el título emblemático, siendo una coordenada: es ahí el sitio donde un migrante (su cuerpo) fue encontrado. El trabajo consistió en reconstruir esas historias silenciadas mediante la aproximación y potencia poética de la escritura testimonial.
A la salud de los muertos.

A propósito del duelo contemporáneo (a secas) y la clínica que involucra la pérdida de alguien, Vinciane Despret indaga la posibilidad de existencia de los muertos dentro de la vida de los vivos -de quienes velan- abriendo un horizonte de posibilidad entre la historia contada de la muerte y como los muertos siguen teniendo existencia dentro de los vivos que los amaron. La autora -siguiendo una metodología entre cortada y difusa- navega en una narrativa intensa de la existencia-otra de la muerte mientras entrelaza su propia historia. Más allá de un texto sobre los muertos y una autobiografía con la muerte, el libro es un hibrido de creación y ficción que da cuenta de como lo humano se prolonga incluso más allá del cuerpo orgánico. Es una apuesta que atraviesa los senderos entre la vida misma con su raíz en la muerte.
A manera de conclusión breve, este tipo de escrituras ensayísticas-académicas formulan una postura distinta para no caer en la réplica desmedida, sino para compartir pensamientos; restos de imaginarios posibles.
[1] M. Bajtín. El problema del contenido, el material y la forma en la creación literaria. Siglo XXI. p. 26
[2] R. Barthes. El grado Cero de la escritura. Siglo XXI.
[3] Rodriguez-freire, r. La forma como ensayo
[4] Karl R. Popper. La lógica de la investigación científica. Tecnos
[5] M. Foucault. Arqueología del Saber. Siglo XXI
[6] Tesis sobre el concepto de historia. p. 42
[7] Ibid, rodriguez, freire, pp. 15-16
[8] Ibid., 17
[9] Al estandarizarse la escritura, esta cambia de tecnología. Antes la tecnología escrita tenía que ver con la inscripción del pensamiento. Ahora la inscripción es reproducción al ritmo de la máquina. La eficiencia ahorra tiempo, ahorra pensamiento.
[10] La Metodología barrada (M), hace referencia al hecho de que el método no es uno, a como se piensa hegemónicamente con el Método científico. Como si solo hubiese un método, como si uno fuera el indicado. Aún somos culpables de la sentencia Nietzscheana de tener cuidado con las sombras de Dios.


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