La violencia ha sido la forma primitiva del apoderamiento del objeto. El reino animal está repleto de estas manifestaciones, pero la particularidad del mismo, es que no existe lo que entendemos por violencia en ellos. En el animal hay instinto, en el humano pulsión, su diferencia radica en el componente simbólico. Solo en el ámbito humano y el lenguaje, hacen posible la dimensión de lo considerado violento. Desde este antecedente, Freud y Benjamín marcan un camino interesante para pensar el fenómeno, desde la situación política y lo que impulsa al acto. Para ello, se tomará la lectura de Para una crítica de la violencia (Benjamín, 1921) y ¿Por qué la guerra? (Freud, 1933).
La violencia no queda del todo definida para poder situarla de forma clara y abordarla desde una perspectiva crítica (Benjamín, 1921). Tradicionalmente se han optado dos formas para comprenderla. Desde el ámbito de los medios y de los fines. La cuestión sigue abierta; la violencia en general justificada por sus fines, quiere decir que hay un criterio ético demarcado. Benjamín para ello, situará los dos tipos de derecho que han dado una respuesta parcial; el natural y el positivo. El primero, retoma la posición de que la violencia es natural al humano, mientras que el otro define que es resultado de la historia. Ambos ubicados en el reino de los fines, ¿Cualquier medio, por violento que sea, es justificado? Resulta impreciso comprender el fenómeno desde estas dos formas, será necesario analizar histórica y filosóficamente, que medios han sido los que posibilitan el derecho de una época, las ejecuciones realizadas y si estos, eran considerados “justos”. Debemos situar el viejo problema del humano para poder emitir una crítica actual.
Freud, en la correspondencia con Einstein le pide responder ¿Por qué la guerra? A lo que responde con fragmentos de la teoría psicoanalítica de las pulsiones, mostrando el carácter irracional humano desde la historia; “los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia” (p. 188). El humano no es un ser con una pizca de bondad como Rousseau lo afirmaba, sino que su “naturaleza” se ubica como agresiva. Desde la antigüedad, el poder y jerarquía en la horda, se mantenía de acuerdo a quien tuviera mayor fuerza muscular. El fantasma de la fuerza bruta, siguió hasta la invención de las armas de fuego.
Freud empieza a destacar dos elementos constitutivos del humano y la agresión, mismo que se respalda en su práctica clínica; el dualismo pulsional; una pulsión erótica y otra de muerte. Las pulsiones no se separan una de otra, son dos caras de la misma moneda, el amor tiene una parte de agresividad, y en la muerte, también hay un acto de amor.
Lo que destaca Freud, es que no es posible elaborar un lugar donde no existan estas mociones pulsionales. Donde hay humano, hay pulsión, imposible de separarlos. Crear una sociedad sin violencia, es aspirar una utopía, sería apuntar a la represión pulsional, que, de igual forma, sería inscribir la muerte, ya no habría creación cultural, ni reproducción.
Apunto a algo diferente; creo que la principal razón por la cual nos sublevamos contra la guerra es que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque nos vemos precisados a serlo por razones orgánicas. Después nos resultará fácil justificar nuestra actitud mediante argumentos (p.197).
Ambos autores tienen una lectura sobre la violencia y el Derecho, son parte de lo mismo, una posibilita la otra. “Toda violencia instaura o preserva el derecho… Toda violencia empleada como medio, aun en el mejor de los casos, participa en la problemática del derecho en general” (Benjamín, p. 125). La violencia es creadora del Derecho. Por otro lado, Freud (1932, p. 188) comenta:
Derecho y violencia son hoy opuestos para nosotros. Es fácil mostrar que uno se desarrolló desde la otra, y si nos remontamos a los orígenes y pesquisamos cómo ocurrió eso la primera vez, la solución nos cae sin trabajo en las manos
El Derecho, de acuerdo con Freud, es una sustitución de poderes, lo que antes pertenecía a la figura del soberano o el jefe de la horda primitiva, pasó a ser el poder de muchos, pero el fantasma de la fuerza bruta sigue insistiendo en aparecer en cada vínculo con otro. Una institución que ejerce la violencia reguladora, utiliza los medios para alcanzar fines justos adoptados en ese momento histórico. Se buscará la regulación mediante los dispositivos de poder.
El poder, derecho y la violencia, ocupan un lugar fundante. Sin embargo, la noción de violencia ha respondido a criterios sociales, pero “las manifestaciones de violencia” que destaca Benjamín del lado de la violencia mítica, como aquella que no se instaura como legítima o ilegitima, sino que “acontece” sin tomar si quiera en cuenta el castigo que puedan perseguir los fines, permite (re)pensar toda la situación de violencia. Si se perseguían fines justos ¿Qué los posibilitó de esa manera?, ¿Los fines justos vinieron después de la justificación argumentativa?, Primero fue la violencia, después el derecho que instaura. Benjamín comenta:
Creación de derecho es creación de poder, y en tal medida un acto de inmediata manifestación de violencia. Justicia es el principio de toda finalidad divina, poder, el principio de todo derecho mítico (p.127).
La situación se torna difusa, líneas después se plantea: “la fijación de límites tal como se establece mediante «la paz» en todas las guerras de la edad mítica, es el arquetipo de la violencia creadora de derecho” (p.15) La narrativa de la Paz, es instauradora de un poder. No hay igualdad, sino dos poderes igualmente grandes. Es aquí donde entra la denominada Violencia Divina. No opera aquí la aplicación de la violencia, el hacer uso de la misma y mancharse de sangre, pertenece a la Violencia Mítica. La violencia divina es la que gobierna, no instaura derechos ni Estados de excepción. Esta macro forma de violencia queda grabada en las masas, tal como Freud hace mención de la interiorización de la pulsión de muerte, como un doblegamiento del Yo, por el juicio/mandato del Superyó, la manifestación de política subjetiva de la culpa.
Para concluir este breve escrito, toda relación de poder es violencia, y toda relación, es poder. La propuesta utópica de una paz genuina, es alimentar lo imposible. Estructuralmente la paz se concibe como un elemento utópico, pues la violencia esta estructurada desde la civilización misma y las formas primitivas del humano. Tal como Freud y Benjamín sitúan, la solución sería la incentivación de otro tipo de manifestaciones humanas, aquellas que Freud resaltó como la sublimación, acto que descarga parcialmente el placer por fines aceptados socialmente. Sin embargo, la lectura misma de los autores queda limitada para la hiper-demanda e hiper-capitalismo en el que se ve sublevado el siglo XXI. ¿La narrativa de paz será suficiente para abordar la manifestación violenta de la humanidad demandante?
REFERENCIAS
Benjamín, W. (1921) Para una crítica de la violencia. Alianza editorial
Freud. S. (1933) ¿Por qué la guerra? En Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (Vol. 22). Amorrortu editores

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