¡Han caído los rostros del tiempo! Se leían los mensajes SMS como alerta global. El anuncio estaba plagado de memorias, la caída de Notre Dame, la caída del Imperio Romano, la caída de la Bolsa ¡El mundo esta cayendo!, un nuevo grito se posiciona en la tela de Dios -es diferente a los anteriores- esta caída esta plagada de imposibles dentro de las brechas temporales:
La anciana vuelve a tocar el rostro de su amado Gerardo, lo había sepultado hace diez años con el primer brote de un raro virus, su voz intacta, vuelve abrazar su corazón insmone.
Roberto lanza la pelota al aire y es regresada por Diego, amigo de quien se había despedido 15 años atrás, la memoria empezaba a navegar, ya no es su cuerpo rígido el último momento del adiós, es el retorno de su mirada extendida por los años.
Por las sendas perdidas de la habitación, con su andar de ángel, se sienta en el comedor Doña Trinita, hace años que sus alas habían aparecido en la barda del patio, nos mostraba que aún en la muerte, se florece.
¡El tiempo ha caído! ¿Desde cuándo el recuerdo es de lo que fue? ¿Desde cuando hay tiempo disfrazado en silencio?, Hay vida en la memoria de quienes leen su caída, caemos en la muerte de quienes nos dejaron. Una habitación, una morada, un respiro, una petrificación es lo que queda.
El rostro del tiempo irrumpe en el recuerdo, galopa dentro del día para llegar en sueños. Al fin y al cabo, la verdad es otra ficción, habitada de memorias y vacíos que aún tocan los ojos con la primera imagen.
El mensaje SMS se fue perdiendo como alerta, a nadie le importó la noticia del retrato temporal, quizá hubiera durado dos segundos más utilizar los sinónimos adecuados: Recuerda que morirás.


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