Te pienso con la misma nostalgia que tienen los mares al volver de un lejos maderamen hueco de las otras orillas. Hilo las formas profanas de sal y hago del viento un soplo certero que infle las velas, hasta girar todo en el retorno. Pensándolo bien, siempre se me ha hecho sencillo alzar la vela para que el viento me saque de mi condición de náufrago, y que su beso helado me lleve hasta la certeza del muelle donde una amante virgen seguirá esperando los huracanes que trae la locura. De ser asi, creo que no es tan triste una muerte en medio del agua cuando uno está perdido, y no cuando las estrellas caen sobre el mar tratando de llenar los bolsillos.
No, no es así. Morir en el mar ya no tiene la misma sombra del agua, no sin la sal hueca de todas las orillas que pierden su rostro al pensar en las bombas cayendo desbocadas por las manos.
No, no puede seguir así. Si la niebla descalza ya no es por los monstruos marinos, sino por la piel de un dios que sangra la voz de los muertos.
Ya no hay mar en ti, ni en tu lengua profana que despierta los tiempos atroces de las bestias. Ya las botellas quedan vacías para estrellarse contra las olas, hasta hacerse polvo de tanta agua que toca las costas donde todos los niños se extinguieron.
Alza la vela pues, naveguemos entre los muertos para encontrar el mensaje de cada mañana. Levanta la cara y encuentra las huellas de sal impregnadas en tus costas, descifra el idioma mortuorio de los astros para volver hallarnos en medio de esta marea incógnita. Descifra la lengua de los muertos para respirar un poco de esta neblina.
Neblina nostálgica. La lengua de los muertos es parecida a la lengua de los mares agonizantes, cada una lleva la eternidad hecha oleaje en la oceánica memoria de los vivos. Todos hablamos muertos a nuestra manera muerta, asi como los pájaros de sal que vuelan en nuestras bocas y llevan flechas silenciadas hasta nuestros sueños. Hay un siniestro parecido entre el mar, los muertos y los sueños, asi como los sueños muertos de mares anochecidos que no lograron vociferar la última gota de insomnio, como si parpadeara en mi corazón, una forma de decir “recuerdo” en la tormenta del despertar.
¡Ah! Bravísimo oleaje emerge entre tus alas y desliza apenas silabas saladas en medio de todo mi rostro. Se dice de mar el mismo dicho que jadean los corazones hechos neblina, cuando tocan toda forma grotesca de la madera y los pájaros tejen su canción tristísima en medio de la noche.
Hecho un barco inmenso, el corazón navega entre el silencio espeso de las estrellas, arropa su llegada por la muerta toda de luna y siguen remando los oleajes como quien recuerda que existen manera de decir te extraño en medio del extravío, sin que el ancla se afile ni que su condición de tierra nos permita zarpar a otras huellas.
Frente a la luna somos simples olas que se extinguen en las orillas, nuestra existencia oceánica es la misma condición salada que la condición de muerto, que la condición de sueño: efímera.


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