Hay una cierta devoción inquebrantable a las imagenes que no tienen sitio. Como si palpitara un halito de esperanza dentro de los parpados. ¿Que hay alli donde el silencio hunde sus garras sobre la noche?
Es probable que la propia muerte sea el motivo que tienen los gestos. Observar y mirar las calles pasadas donde el tiempo relinchaba hasta ser recordado, es decir, volver a la cuerda de la lengua para sacar otra vez su filo por los dientes.

Afilo la lengua para ver mejor las cosas, afilo la lengua para sacar notas del silencio. Afilo la lengua para dejar de ser. Afilo la lengua para recordar todo y dejar expulsada la marea que me habita y hunde sus formas extrañas, extensas, extemporáneas de seguir existiendo.

Dicen los que saben que las calles siguen siendo un rumor para intentar morir a solas. Creo que si. La calle es el pretexto perfecto para morir descalzo dentro de todo el arsenal de muerte que tiene nuestro tiempo.
Desciendo alas muertas como quien desciende en los pechos del agua para besar lo último que queda de la luna, rompiendo los viejos espejos que morían enterrados entre toda esta basura absurda de otras maneras de ser lo mismo. ¿Que tiene que siga respirando las viejas heridas del espejo?

