Entre el escrito Científico y el Ensayo Crítico

Aquí todo es poesía. Solo basta detener los ojos en cualquier punto, y entonces surge como un pájaro el poema

Hábito Lunar. Balam Rodrigo

Introducción

Quisiera darle un giro a mi primera escritura. En aras de la formalidad, las líneas de mi escritura se perdían en el río explicativo de los textos. Esa corriente me atrapaba y no me permitía pensar el agua. La lectura implica un escribir, y escribir implica el cuerpo; operación de la cual no quería (o aún me cuesta) ver.

¿Para quién se escribe? La pregunta que remarca raúl rodríguez freire refiere a que existen modos distintos de escritura: de los catalogados como académicos, aquellos que conllevan una metodología estricta, una forma de escribir que implica una renuncia al “Yo”, para abrir al “Nosotros”, de manera que en los enunciados tejen una manera de generalización apelando a la extracción/exclusión/eliminación de la experiencia. Un ejemplo de ello son las normativas de los manuales de escritura como la APA, donde se cuida que el sujeto no hable, una escritura en tercera persona, evitar la redundancia y palabras coloquiales. Barthes ilumina este impedimento, pero comentándolo a la antigua crítica (y que funciona para pensar toda escritura que norma), de tantas restricciones existentes para generar una inscripción, se termina balbuceando.

Este tipo de escritura que intenta acoplarse a la objetividad científica que prepondera en la academia, tecnificación de los modos de presentación del escrito para lograr una eficiencia y cumplimiento de la indexación, hace de la escritura una comercialización, fetichiza el dato, convierte al paper en un objeto de consumo; son los predilectos para la “transmisión del saber”.

 La reproducción masiva de los escritos parece tener un efecto en la producción más que en el pensar, la reflexión no queda dentro del proceso mismo de la investigación; hay una separación entre el Investigar (donde el dato se prioriza) y el Reflexionar (donde el dato también nos concierne en tanto sujetos). Esta operación, desde el campo científico en el que me formé, que es la Psicología, prioriza la investigación, lo que uno puede pensar en relación a las formas en cómo se redactan estos informes o papers para una publicación, son catalogados como no válidos; es decir, como un juego de alguien que no sabe hacer uso del lenguaje claro y la metodología.

Aquí es donde esto me involucra. En su texto, Barthes comenta que el papel del escritor tiene que ver con el problema del lenguaje. El punto que resaltan constantemente en la escritura científica es: no a la ambigüedad, no a algo propio que no pueda ser entendido, pero, ¿Cómo crear una normativa que imposibilite la escritura y la polisemia del sentido si el símbolo mismo implica un más allá[1]?

Los ensayos, por otro lado, son percibidos como amorfos, sin posibilidad de decir algo objetivo, tal como los comenta Adorno, “provoca a la defensa porque recuerda y exhorta a la libertad del espíritu” (p.12). Es en esta belleza, en la libertad del espíritu, donde logra enunciarse la reflexión.

El ensayo rompe con la forma predilecta del texto científico/objetivo, la quiebra de tal manera que abre nuevas posibilidades de inscripción. La construcción cerrada que involucra la escritura académica no concede nada a la singularidad, hace que el recorrido sea hermético, el trayecto espiritual se ve mutilado ante las imposiciones estilísticas. El ensayo, por el contrario, si bien no abandona la sustancia tradicional que resalta Adorno, da espacio a la experiencia, al trayecto asistemático, discontinúo. También abre un espacio al abandono del orden lógico, para dar lugar al propio viaje en la reflexión. Comenta Julio Ramos a propósito del viaje de Elvin, que funciona para pensar(me) en el trayecto de la escritura:

en una economía de la dislocación y de la destrucción de la infancia, pero consigna también cierto empoderamiento, el potencial de una parcial reparación, emplazada por el acto de contar la experiencia, de transformar la pérdida y la discontinuidad de un viaje infernal en una narrativa de experiencia personal con unos pocos momentos de proyección heroica (p. 2)

La escritura resulta un trayecto discontinuo, un punto de inicio que no precisamente es el principio metodológico, esto hace que tanto las formas académicas como las ensayísticas tengan este punto en común; juntas pueden potenciar las formas del pensamiento. “la injerencia manifiesta de la forma no le resta rigurosidad al pensamiento, lo potencia” (rodríguez-freire, p. 35)


[1] Aludiendo a la cita que Barthes retoma de Rimbaud, “Literalmente y en todos los sentidos” (p. 42)

Deja un comentario